
Hoy es un día de esos, en el que te gustaría gritar a todo el mundo, ignorarles, evitarles y hoy me compraría una isla desierta y me iría allí a vivir, sola, con mis libros, mi crema protectora, una nevera llena de comida (nunca se sabe lo altos que están los cocos, y Tarzán no creo que este por la labor) y, seamos realistas, unos cuantos tampax.
Hoy es uno de esos días en el que apagaría el móvil o llamaría a toda esa gente y les diría o les gritaría que no los necesito y que no quiero lo que me ofrecen, que se vayan todos a cojer olivas o a cojer peras, que no sabeis lo que cansa.
Hoy es uno de esos días en el que me encerraría a cal y canto en mi habitación y pondría la música tan alta que los cristales vibrasen, o ya puestos saldría a una discoteca llena de gente (que estos no molestan) y bebería hasta no poder más, que nunca lo he hecho.
Aunque pensándolo mejor me quedo con mi isla, que allí no hay resaca.